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¿Es posible pensar en el derrumbe de la fe que podrían sufrir no sólo cristianos de base, sino también sacerdotes, religiosos/as y altas jerarquías de la Iglesia ante el "bombazo" de la pederastia eclesial? Ese trueno ¿ha descompuesto, desequilibrado y derrumbado esa fe exultante y firme que muchos católicos tenían en la Iglesia y de la que hacían gala públicamente?

¿Se han venido también al traste asociaciones, parroquias, editoriales, librerías religiosas, monjas de clausura, radios católicas, señoras de misa diaria, revistas, etc. ante esa oscura página de la Iglesia? ¿Es que la Iglesia de hoy ya no es como la de antaño de la que nos refiere San Lucas en la que "la palabra de Dios fructificaba y se multiplicaba grandemente el número de los discípulos en Jerusalén y numerosa muchedumbre de sacerdotes se sometía a la fe?" (Hechos de los Apóstoles, 6-7).

En una palabra, ¿se puede mostrar hoy la Iglesia como una institución, que se encamina a lo santo y está formada por miembros que al menos tienden al modelo de vida que predicó con su palabra y con su muerte Jesús de Nazaret?

Para algunos, se ha desvanecido todo, se ha derrumbado todo. Esa fe, antes espléndida en el pueblo de Dios, ahora se ha descolocado y apenas el cristiano se anima a ser partícipe y parte de una Iglesia que, sin dudas, es infiel a lo que ella misma parecía practicar y predicar. También teme el fiel cristiano que alguien le pueda incluso echar en cara la "estupidez" de pertenecer a una Iglesia pecadora y escandalosa.

Igualmente no se atreve a leer periódicos ni revistas, escuchar radios o mirar la Tele, porque esos medios, todos a una, se aprovechan y se "recrean" (sic) en presentar una Iglesia pederasta e infame que dirigen, al parecer, hombres pecadores y que en vez de ser luz y guía para todos, se convirtió en un antro de pecado y de perdición para los pequeños, que es lo más sagrado e intocable que posee la sociedad.

Por todo eso, una legión de cristianos e incluso jerarquías de distinto orden más bien optarían por una Iglesia escondida, reticente y encubridora. Ese legión -llamémosle grupo-de cristianos no puede ni quiere entender cómo el Papa Francisco se ha envalentonado tanto, y tantísimo, en abrir puertas y ventanas e ir descubriendo, diócesis por diócesis, país por país y continente por continente, toda la suciedad y horror que se pueden ocultar, donde surge un campanario que llama a sus feligreses al recato de la oración y al misterio de la Eucaristía. Es decir, el Papa se ha proclamado abanderado en ese quehacer y ha pedido a todos sus súbditos que su unan a esa campaña.

Y de repente, todo se ha obnubilado. Grupos o personas se han echado con todo celo a defender que limpiar la ropa sucia en casa es mejor que tenerla extendida en la azotea a vista de todos. Y se ha dado así la espalda a Francisco, su Papa antes admirado, a quien aconsejarían, si pudiesen, que mejor sería seguir tapando, como hace todo el mundo que tapia a cal y canto su morada para que nadie vea la inmundicia y porquería que pueda haber puertas adentro. ¿Acaso no ha obrado así la Iglesia en décadas y siglos pasados? ¿Acaso peca de prudente y no se muestra sabia la Iglesia escondiendo y no escandalizando así a los humildes y sencillos de corazón?

El hecho es, sin embargo, que el Papa Francisco, sintiéndose Vicario de Cristo en la tierra y sin duda con el beneplácito de sus consejeros, ha exclamado y difundido un claro, consciente y solemne BASTA, dirigido hacia dos vertientes: un BASTA de abusos a la niñez en la Iglesia y un BASTA de encubrir tales abusos. Mensaje dirigido con claridad a la jerarquía de la Iglesia con la consiguiente declaración que quien no se sujete a estas directrices será apartado de sus cargos y oficios, sea quien sea. Rememora así Francisco la inesperada y reluciente TOLERANCIA CERO, iniciada y esculpida por el Papa Benedicto XVI.

Con todo eso, el Papa Francisco ha formulado claramente que de ninguna forma quiere una Iglesia PODRIDA como tampoco una Iglesia ENCUBRIDORA. La quiere santa en lo que cabe en este mundo y la quiere además en este momento DESCUBRIDORA, aunque ese descubrimiento se lleve a cabo no solamente por medios eclesiales, sino también por otras vías, como serían las propias víctimas, la familia, la escuela o colegio, las amistades de la víctima, instituciones, medios de comunicación social o asociaciones de apoyo a los menores, que existen no pocas.

Donde haya "pus", donde haya pecado, donde haya pederastia, e incluso donde haya sombra de mala intención con menores, se tiene que descubrir con presteza y cara alta, no olvidando que historias pasadas, y no lejanas, advierten que los pederastas reinciden y que difícilmente curan su obsesión.

Sin duda, el Papa Francisco ha tomado esa decisión tan drástica y con toda prisa y sin titubeos, porque está convencido de que, si no se hace así, la Iglesia de la que es voz, guía y responsable, seguirá a sus anchas, siendo más inmunda, más despreciada y más rechazada por todos y sobre todo por su máximo fundador, como es Jesucristo, Nuestro Señor. "Acaso te escuchen. Y si no te escucharen, que son gente rebelde, al menos conocerán que hay entre ellos un profeta (Ez, 2,5)

Por otra parte, hemos sabido esos días que la UNIÓN Internacional de Superiores Generales ha declarado en Roma para todos los religiosos/as que "condena a los que apoyan la cultura del silencio y del secreto". He aquí un "batallón" enorme que se une a la gran empresa de Francisco.

 

Nicolás Pons, sj

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